F (Felicidad) = S (50%) + CV (10%) + FV (40%)
S de Seteado… es como venimos de fábrica, nuestros estados de ánimos más comunes, nuestras formas de encarar la vida, niveles de optimismo y pesimismo. Lo importante es que si nuestras preferencias tienden a ser más pesimistas según lo que traemos de fábrica, hoy existe mucha evidencia científica de que eso lo podemos cambiar. Hace muchos años que se sabe que lo que sucede en nuestro cerebro (neuronas) afecta a nuestra mente (pensamientos) pero hoy sabemos que nuestros pensamientos también pueden modificar la estructura y función del cerebro. Es decir, una persona pesimista o generalmente triste puede mediante sus pensamientos convertirse en el mediano y largo plazo, una persona optimista. Es como si te comprás una auto base (sin aire, sin levanta vidrios, sin mp3) y tus pensamientos lo “tunean”. Esto es un proceso que requiere esfuerzo y dedicación, y muchas veces requiere de ayuda externa, y no sucede de un día para otro.
Esto representaría el 50% de tu felicidad.
CV son las Circunstancias de la Vida que te sucedieron y te suceden, pero que no tenés control sobre ellas (que padres te tocaron, el clima, donde naciste, el tipo de gobierno de tu país, etc.). Esto que para muchos es una de los factores más importantes que determinan nuestra felicidad, en realidad representaría el 10%.
FV son los factores que afectan tu vida, pero que vos tenés control sobre ellos (Factores Voluntarios). Sin duda, representa uno de los factores más comunes de posible infelicidad (tu jefe, tu trabajo, la relación con tus amigos, la ciudad donde vivís, la relación con tus padres, etc.). Sin embargo, muchos de estos factores están bajo tu control. No se duda que muchas de estas cosas son difíciles de cambiar pero tampoco pueden ignorar que por mas difícil que sea, ese cambio depende de nosotros. Esto representaría un 40% de tu felicidad, es mucho, pero también depende mucho de vos.
En resumen, no es tu vida sino ES LO QUE HACES CON TU VIDA. Vos sos el autor de la historia de tu vida.
Ejercicio para “tunear” positivamente mis pensamientos (es un ejercicio difícil, pero posible).
Durante algún día de la semana, preferentemente laboral, llevar consigo una libretita y detenerse en cada momento posible a anotar todos los pensamientos que se cruzan por vuestra mente. Sugiero, al menos unos 50 pensamientos. Por ejemplo… estás manejando el taxi y estås pensando en que vas a comer a la noche, estás en tu oficina escribiendo un email pero estás pensando en lo mal que te trato tu novia anoche, etc. uno o varios días luego de anotar, sentarse en un lugar tranquilo, en soledad, con la libretita y releer los pensamientos anotados. Separarlos por categorías (positivos/negativos, felices/tristes, emocionales/racionales, blanco y negro/colores, todas las que quieran). Saquen sus propias conclusiones.
Ejercicio sobre Circunstancias de la Vida
En vuestro lugar favorito del planeta (mi sillón, el café de la esquina, Mar Azul, el lavadero de autos, etc.) escribir en la libretita todas aquellas circunstancias de la vida que están fuera de tu control voluntario. Esto te llevará unos 20 minutos. Luego, en esa misma semana, como por arte de magia, aparecerán otras circunstancias que no habías considerado (estaban atrpadas en tu inconsciente). Anotalas. Releelas varias veces. Saca tus propias conclusiones.
Ejercicio para ayudarte a que tomes las riendas de aquellos factores que podrías cambiar para hacerte más feliz.
En vuestro lugar favorito del planeta (mi sillón, el café de la esquina, mar azul, el lavadero de autos, etc.) escribir en la libretita todas aquellas factores que vos crees que no te están haciendo feliz en este momento pero que podrías tener el control sobre ellos. Luego, en esa misma semana, como por arte de magia, aparecerán otros factores que no te están haciendo feliz. Una vez que tengas una decena o una veintena de ellos (ojalá que tengas muchas menos!), vas a reescribirlas de la siguiente manera: Primero, utilizando el PERO:
Ejemplos:
“Quiero pasar más tiempo con mis hijas PERO salgo de trabajar siempre muy tarde”.
“Me gustaría volver a jugar al tenis PERO estoy 6kg o 7kg de mas y me cuesta moverme”.
“Quisiera cambiarme de trabajo PERO no tengo tiempo para buscar otro y necesito el dinero para pagar el alquiler de mi casa”.
Ahora van a reescribir esas frases, reemplazando el PERO por Y. Esto parece un poco tonto o absurdo pero créanme es muy poderoso si realizan el Plan de Acción (ver al final del ejercicio).
“Me gustaría volver a jugar al tenis Y voy a empezar sin apuros ni presiones una dieta “.
“Quisiera cambiarme de trabajo Y voy a tantear la oportunidad de hablar con los jefes de mi jefe para cambiarme de división, unidad o departamento dentro de la empresa”.
Finalmente, aquí viene la parte más importante del ejercicio denominada “Plan de Acción”. Van a escribir tres planes de acción. El primero lo tienen que realizar antes de las 48hs del momento de escribirlo (por ejemplo, en las próximas 48hs voy a delegar en la oficina algunas actividades delegables que hasta hoy estaban 100% a mi cargo).
El segundo plan de acción debe ocurrir en las siguientes dos semanas (por ejemplo, voy a enviar un email a todos mis clientes diciéndoles que no tendré mas reuniones después de las 5 de la tarde).
Y por último, el tercer plan de acción, debe ocurrir en los próximos dos meses (voy a buscar a mis hijos a la clase de natación, todos los miércoles a las 5.30 de la tarde).
Obviamente, pueden escribir todos los planes de acciones que quieran, lo importantisimo es empezar al menos con estos tres, en este periodo “corto” de tiempo.
martes, 14 de septiembre de 2010
jueves, 19 de agosto de 2010
Cuando las minas son perras
Cuando las minas son perras
a) me caen de reputísima madre
b) las detesto todo mal
Si no son perras me aburren y no me interesan como amigas. Conclusión: conjugado esto con mi odio patológico hacia la humanidad, tengo pocas amigas. Eso sí: las que hay, son lo más de lo más y, por supuesto, bien perras (como una). Con respecto al resto: A las sin sal... si estoy de buenas les sonrío vacíamente o, sino, las ignoro con amable indiferencia. Ahora, a esas perras ajjjjjquerosas... les hago el mal. Y no, para eso no tengo ni moral ni alma ni culpa ni nada. Ojito.
a) me caen de reputísima madre
b) las detesto todo mal
Si no son perras me aburren y no me interesan como amigas. Conclusión: conjugado esto con mi odio patológico hacia la humanidad, tengo pocas amigas. Eso sí: las que hay, son lo más de lo más y, por supuesto, bien perras (como una). Con respecto al resto: A las sin sal... si estoy de buenas les sonrío vacíamente o, sino, las ignoro con amable indiferencia. Ahora, a esas perras ajjjjjquerosas... les hago el mal. Y no, para eso no tengo ni moral ni alma ni culpa ni nada. Ojito.
Si
1
Si tuviera 12 años, escribiría en mi agenda tu nombre con letras bien gorditas y las pintaría con marcadores de colores.
2
Si tuviera 15 años, te pelearía todo el tiempo por todo y después sobreinterpretaría cada una de tus frases para concluir que vos también gustás de mi.
3
Si tuviera 20 años, te diría algo como dale, vámonos de viaje, man, ahora mismo y a cualquier lugar.
Si tuviera 12 años, escribiría en mi agenda tu nombre con letras bien gorditas y las pintaría con marcadores de colores.
2
Si tuviera 15 años, te pelearía todo el tiempo por todo y después sobreinterpretaría cada una de tus frases para concluir que vos también gustás de mi.
3
Si tuviera 20 años, te diría algo como dale, vámonos de viaje, man, ahora mismo y a cualquier lugar.
viernes, 13 de agosto de 2010
Tito Driver

Un viaje en taxi, para bien o para mal, puede cambiarte el día. Todo depende de las opiniones políticas del chofer y de la historia personal que tenga para contar. Cuando de política se trata, mi día suele estar arruinado. Pero a veces las historias que escucho compensan la amargura de escuchar frases sobre la administración de la cosa pública que me ponen la piel de gallina. Esta semana me la pasé recordando a Adalberto, un taxista que mientras me llevaba a casa no se privó de contarme su particular manera de transitar por este mundo. A los 60 años, Tito (me pidió que lo llame por su apodo) se había mudado solo por primera vez desde que nació. Hasta hace meses vivía con su madre “que nunca dejó de esperarme con un plato diferente de comida cada noche y una camisa planchada”. No es que Tito no haya tenido novias, de hecho tuvo dos mujeres importantes. A la primera la dejó porque era “mirona” y a él le molestaba profundamente que su mujer posara la vista sobre otros caballeros “siendo que yo no le hacía faltar nada”. A la segunda la dejó porque “fumaba como una chimenea”, pero sobre todo porque durante una pelea le cerró con demasiada virulencia la puerta de una cupé chevy que él adoraba y parece que le tuvo que cambiar un vidrio. “Se metió —recordó Tito con un dolor que aún hoy no lo abandona— con lo que yo más quería en el mundo.” A partir de ese incidente no quiso saber más nada con las mujeres. Dice que ya las conoce y ha tenido suficiente. Que, después de todo, ellas se lo perdieron. Porque jura que en su época de sodero no sólo “tenía una facha impresionante”, sino que como trabajaba de sol a sol sus mujeres eran tratadas como reinas porque plata no le faltaba. Y que como su pasión es el trabajo (y también su terapia, ya que nunca necesitó analista porque todo lo conversa con sus pasajeros) no le hace falta para nada la compañía femenina. Dice Tito que ahora le encontró el gustito a vivir solo. Que sí extraña las camisas planchadas, pero que encontró un lavadero donde “una chinita que está enamorada de mí me hace precio por la ropa que plancha y siempre me agarra la mano. Quiere ponerse de novia, pero yo estoy bien así”, insiste. Lo que lo tiene a mal traer a Tito es la falta de comida casera. Aunque encontró un bolichito en el que dos veces por día le dan de comer bien y barato, dice que extraña las delicias caseras de su santa madre.Pero ni siquiera eso lo lleva a repensar su soltería: “para qué quiero una mujer si ahora ni siquiera saben cocinar”, dijo antes de cobrarme y desearme una buena vida.
martes, 3 de agosto de 2010
Polémica

Una reunión de amigos generó en mí una de esas preguntas filosóficas que difícilmente admitan una sola respuesta: ¿Por qué, en el transcurso de nuestras vidas, nos acordamos más de las experiencias dolorosas que de las buenas? El debate lo inició mi amiga Flor, quien confesó en plena cena que el fin de año siempre la deprime porque es un símbolo del paso del tiempo. Y el paso del tiempo, aclaró, incluye siempre para ella un recordatorio sobre todas las diferencias que tiene su vida actual con aquella vida que soñaba de adolescente. Pablo agregó entonces que el paso del tiempo nos melancoliza porque según pasan los años, las heridas se acumulan y nunca cierran del todo. Pero Daniela, por suerte, hizo una moción por el optimismo: aseguró que, si bien es cierto que a medida que envejecemos se acumulan las heridas y algunos sueños quedan en el camino, no es menos cierto que con el tiempo también se acumulan las cosas buenas y la experiencia.Yo estaba de acuerdo con todo lo que se estaba diciendo. La gran pregunta era entonces por qué, a la hora de los balances, las pérdidas de cualquier orden nos pesan más que las ganancias: lo malo, lo traumático, suele imponerse a pesar nuestro.Supongamos que tenemos treinta años de vida, que de esos treinta años pasamos diez de felicidad, diez de aburrimiento y diez de sufrimiento Lo más probable es que los diez años de sufrimiento sean dolorosos en el recuerdo, los diez de felicidad también –porque se rememoran con una cuota de nostalgia– y que los diez de aburrimiento sean para el olvido. Como verán, haciendo una cuenta sencilla podemos verificar que las emociones negativas tienen un peso específico mayor que las positivas, los caminos de la memoria son complejos y misteriosos.¿Cuál es la solución, entonces, para que el paso del tiempo no nos juegue en contra cada vez que lo registramos?Se me ocurre que vivir el presente con intensidad sea tal vez una buena primera medida. Y otro paliativo para la nostalgia podría ser tomar la vida con un poco más de humildad: la premisa de que uno se las sabe todas es falsa y arrogante, la sensación de que cada vez menos cosas pueden sorprendernos sólo limita nuestras posibilidades de disfrute.Nadie dice que sea fácil, pero recuperar la inocencia en la adultez es un ejercicio cotidiano que vale la pena. Ya lo dijo Picasso: “Me llevó cuatro años pintar como Rafael, pero toda una vida pintar como un niño”. Ni a Palos, dejemos de intentarlo.
Tipificaciones

Como tengo un sentido del humor algo cínico, un amigo que se ríe –con culpa– de mis chistes, después de largar la carcajada de ocasión, siempre comenta en el mismo tono: “vos sos una jodida”. La escena se repite desde hace años: él me acusa, yo callo y por ende otorgo; pero esta semana decidí ejercer mi derecho a defensa exponiéndole mi particular teoría sobre la condición humana, simpática aunque incomprobable científicamente.En mi humilde opinión, la humanidad puede dividirse en cuatro grupos: la gente buena y transparente, la gente mala y transparente en su maldad, la gente buena que se hace la mala para protegerse de la maldad generalizada y, por último, los falsos copados, el único grupo que me subleva realmente por motivos que voy a detallar continuación.Le dije a mi amigo que yo no soy ninguna jodida: en todo caso soy una falsa mala. Me hago la dura, la irónica, la indolente, porque considero que no se puede transitar sin riesgos por este mundo exhibiendo determinados grados de sensibilidad que pueden ser utilizados por nuestros ocasionales adversarios para perjudicarnos. El grupo humano al que pertenezco (yo no inventé nada, por cierto) va por la vida tratando de acercarse a la gente buena y alejándose de la mala. En ambos casos, lo que ayuda es que el otro sea genuino para poder tipificarlo correctamente.El problema de los falsos copados es que le hacen creer al mundo que son gente muy agradable; son sociables, políticamente correctos y están siempre dispuestos (de la boca para afuera) a dar una mano, pero basta rascar un poquito la fachada para descubrir que venderían a su madre si de pronto las madres cotizaran un millón de dólares en la bolsa. Y después de la venta, presentan la situación de modo tal que la gente termina diciendo “pobrecito, necesitaba la plata, no lo justifico, pero lo entiendo”.Mi amigo, el que me acusa de jodida y se ríe de mis chistes, coincidió con mi tipificación del mundo, pero después de escucharme atentamente quiso hacer una aclaración: “vos me parecés una copada, cuando te digo jodida es para chicanearte”, confesó. Una lástima: mi descargo entero tirado a la basura, toda mi teoría desplegada en base a un malentendido. En definitiva, una pérdida de tiempo y de energía, que decidí compensar poniendo por escrito mi marco referencial categórico sobre los cuatro tipos de seres humanos. Usted, ¿se siente incluido en alguno de los grupos?
martes, 27 de julio de 2010
Sobre la amistad -otra vez-
La amistad es una relación de hermandad elegida, no impuesta por lazos consanguíneos, en la que se desactivan los deseos edípicos y fraternos puestos en movimiento por la aspiración fálica de alcanzar a ser el heredero único y el preferido hijo de un padre-madre-Dios. En la amistad se establecen relaciones de objeto exogámicas –aunque con facilidad pueden infiltrarse en ella las conflictivas narcisistas y parentales–. En la amistad, los lazos consanguíneos son reemplazados por lazos sublimatorios.
Es en la amistad donde se desactivan, en gran medida, las relaciones de poder, que impiden su surgimiento y su preservación. Pregunta Nietzsche: “¿Eres un esclavo? Entonces no puedes ser amigo; ¿Eres un tirano? Entonces no puedes tener amigos”. Simone Weil señaló que “cuando alguien desea subordinar a un ser humano o subordinarse a él, no hay traza de amistad”.
Freud señala la contribución de la fuente erótica en distintos vínculos entre los que incluye a la amistad: “Tras alcanzar la elección de objeto heterosexual, las aspiraciones homosexuales no son, como se podría pensar, canceladas ni puestas en suspenso, sino meramente esforzadas a apartarse de la meta sexual y conducidas a nuevas aplicaciones. Se conjugan entonces con sectores de las pulsiones yoicas para constituir con ellas, como componentes apuntalados, las pulsiones sociales, y gestan así la contribución del erotismo a la amistad, la camaradería, el sentido comunitario y el amor universal por la humanidad. En los vínculos sociales normales entre los seres humanos difícilmente se colegirá la verdadera magnitud de estas contribuciones de fuente erótica con inhibición de la meta sexual”.
La amistad y el amor han sido considerados como pasiones complementarias o, más a menudo, como opuestas. Octavio Paz sostiene que “la elección y la exclusividad son condiciones que la amistad comparte con el amor. En cambio, podemos estar enamorados de una persona que no nos ame, pero la amistad sin reciprocidad es imposible”.
Para los antiguos la amistad era superior al amor. Según Aristóteles, la amistad es “una virtud o va acompañada de virtud; además es la cosa más necesaria de la vida”. Plutarco, Cicerón y otros lo siguieron en su elogio de la amistad. Aristóteles dice que hay tres clases de amistad: por interés o utilidad, por placer y por virtud. Esta es la “amistad perfecta, la de los hombres de bien y semejantes en virtud, porque éstos se desean igualmente el bien”. Los dos primeros tipos de amistad son accidentales y están destinados a durar poco; el tercero es perdurable y es uno de los bienes más altos a que puede aspirar el hombre.
Para el poeta Hugo Mujica, la amistad representa una de las formas del amor, la forma que toma la intimidad cuando incluye la distancia. La equipara a un nudo desatado y a un pacto de gratuidad que implica un dejarse elegir, una entrega, pero “sin hacerme suyo”; incluye a los otros pero sin fusión, ni física ni espacial.
Escribe Mujica: “La palabra amigo nace de una raíz griega de la que derivan también amor y amigable. No sorprende: la amistad, lo sentimos, es una de las formas del amor, la forma que toma cuando la intimidad incluye la distancia. De esa misma raíz también sale ama, en el sentido de madre, de mamá. Tampoco esto debiera sorprender si pensamos que la amistad, como todo amor, tiene la capacidad de fecundar: engendra singularidad. Es más, podríamos decir que la amistad es precisamente el don de la singularidad: alguien me elige, me sustrae del tumulto de otras relaciones humanas, me hace únicamente, sin hacerme ‘suyo’. En este sentido, la amistad es como un nudo desatado, un pacto de gratuidad, es un acontecimiento no sólo del amor sino también de la libertad, pero la libertad comprometida en la historia del otro, del otro amigo: del singular”.
Continúa Mujica: “Este ‘sin hacerme suyo’ diferencia la amistad del amor de pareja, incluye a los otros pero sin fusión ni física ni espacial. La amistad es, constitutivamente, desinterés: no saca ni guarda nada de esa relación, salvo, claro, la gratificación afectiva: el sentimiento y el crecimiento de comprometerse en lo humano por lo humano. Deliberadamente hablé de ser elegido, no de elegir. La amistad pertenece a la lógica del don: no es un acto de mi voluntad; no decido ser amigo de tal o cual, acontece. Se da, se me da. Después puedo buscar razones, explicar, pero sobre algo ya acontecido, ya sentido; el origen de la amistad, como de toda forma de amor, se impone o, al menos, se propone a mi respuesta, a mi sensibilidad. Por esto la amistad también es un dejarse elegir. Una disponibilidad: la de darme, entregarme, arriesgarme a una relación. Abrirme y dejar entrar. Como don, la amistad es una gracia: la gracia de poder ser gracia para otros, dar amistad a quien me busca como amigo. Llegar a ser más que yo”.
Es en la amistad donde se desactivan, en gran medida, las relaciones de poder, que impiden su surgimiento y su preservación. Pregunta Nietzsche: “¿Eres un esclavo? Entonces no puedes ser amigo; ¿Eres un tirano? Entonces no puedes tener amigos”. Simone Weil señaló que “cuando alguien desea subordinar a un ser humano o subordinarse a él, no hay traza de amistad”.
Freud señala la contribución de la fuente erótica en distintos vínculos entre los que incluye a la amistad: “Tras alcanzar la elección de objeto heterosexual, las aspiraciones homosexuales no son, como se podría pensar, canceladas ni puestas en suspenso, sino meramente esforzadas a apartarse de la meta sexual y conducidas a nuevas aplicaciones. Se conjugan entonces con sectores de las pulsiones yoicas para constituir con ellas, como componentes apuntalados, las pulsiones sociales, y gestan así la contribución del erotismo a la amistad, la camaradería, el sentido comunitario y el amor universal por la humanidad. En los vínculos sociales normales entre los seres humanos difícilmente se colegirá la verdadera magnitud de estas contribuciones de fuente erótica con inhibición de la meta sexual”.
La amistad y el amor han sido considerados como pasiones complementarias o, más a menudo, como opuestas. Octavio Paz sostiene que “la elección y la exclusividad son condiciones que la amistad comparte con el amor. En cambio, podemos estar enamorados de una persona que no nos ame, pero la amistad sin reciprocidad es imposible”.
Para los antiguos la amistad era superior al amor. Según Aristóteles, la amistad es “una virtud o va acompañada de virtud; además es la cosa más necesaria de la vida”. Plutarco, Cicerón y otros lo siguieron en su elogio de la amistad. Aristóteles dice que hay tres clases de amistad: por interés o utilidad, por placer y por virtud. Esta es la “amistad perfecta, la de los hombres de bien y semejantes en virtud, porque éstos se desean igualmente el bien”. Los dos primeros tipos de amistad son accidentales y están destinados a durar poco; el tercero es perdurable y es uno de los bienes más altos a que puede aspirar el hombre.
Para el poeta Hugo Mujica, la amistad representa una de las formas del amor, la forma que toma la intimidad cuando incluye la distancia. La equipara a un nudo desatado y a un pacto de gratuidad que implica un dejarse elegir, una entrega, pero “sin hacerme suyo”; incluye a los otros pero sin fusión, ni física ni espacial.
Escribe Mujica: “La palabra amigo nace de una raíz griega de la que derivan también amor y amigable. No sorprende: la amistad, lo sentimos, es una de las formas del amor, la forma que toma cuando la intimidad incluye la distancia. De esa misma raíz también sale ama, en el sentido de madre, de mamá. Tampoco esto debiera sorprender si pensamos que la amistad, como todo amor, tiene la capacidad de fecundar: engendra singularidad. Es más, podríamos decir que la amistad es precisamente el don de la singularidad: alguien me elige, me sustrae del tumulto de otras relaciones humanas, me hace únicamente, sin hacerme ‘suyo’. En este sentido, la amistad es como un nudo desatado, un pacto de gratuidad, es un acontecimiento no sólo del amor sino también de la libertad, pero la libertad comprometida en la historia del otro, del otro amigo: del singular”.
Continúa Mujica: “Este ‘sin hacerme suyo’ diferencia la amistad del amor de pareja, incluye a los otros pero sin fusión ni física ni espacial. La amistad es, constitutivamente, desinterés: no saca ni guarda nada de esa relación, salvo, claro, la gratificación afectiva: el sentimiento y el crecimiento de comprometerse en lo humano por lo humano. Deliberadamente hablé de ser elegido, no de elegir. La amistad pertenece a la lógica del don: no es un acto de mi voluntad; no decido ser amigo de tal o cual, acontece. Se da, se me da. Después puedo buscar razones, explicar, pero sobre algo ya acontecido, ya sentido; el origen de la amistad, como de toda forma de amor, se impone o, al menos, se propone a mi respuesta, a mi sensibilidad. Por esto la amistad también es un dejarse elegir. Una disponibilidad: la de darme, entregarme, arriesgarme a una relación. Abrirme y dejar entrar. Como don, la amistad es una gracia: la gracia de poder ser gracia para otros, dar amistad a quien me busca como amigo. Llegar a ser más que yo”.
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