sábado, 3 de enero de 2009

Yo quiero ser una chica Almodovar

Fui alcanzada por un rayo. No en el sentido en que se dice que cierta luz divina toca a algunos “artistas” y los inviste de una gracia infinita, sino en uno más literal: una descarga eléctrica me cayó brutalmente en la cabeza y la partió al medio.
Una de las mitades en que me dividí es una chica que no tiene miedo de lucir ingenua en infinidad de momentos íntimos; que a los 27 años conserva mucho de la adolescente que una rara conjunción familiar impidió ser; que detesta el “desenfreno” y el circuito de “drogas y alcohol” y el cinismo de los representantes de la época (“soy demasiado cool para vos”); que se arrepiente de no tener una actitud de femme fatale. Una chica que hay días que se siente como una anciana y prefiere quedarse en casa comiendo pizza y viendo videos con su gato; que no hace “cosas locas”, ni es una party girl, ni “destroza habitaciones de hotel”.

La otra mitad es la mitad más oscura. Es la reina de las vírgenes suicidas de Sofia Coppola, la chica que sueña con un superhéroe de pelo enrulado, de nacionalidad neoyorquino o inglés y sufridísimo con quien se la pasa entre la agonía y el éxtasis, con un pasado de la más perra de un grupo de alumnas adolescentes en busca del carpe diem.

Como una chica Tim Burton que todavía no fue, pero que ya habrá de ser. Pero lo que quiere de verdad es ser una chica Almodóvar.

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